Diversidad funcional o la autogestión individual de nuestras vidas.

18 noviembre 2009

Reflexiones de un sabueso ignorante

Filed under: General — teuladi @ 17:19


Este sabueso ignorante ve cómo Camps y su “Cuadrilla del Trinchante” dejan pasar los días sin aplicar con todas sus consecuencias la ley de la dependencia, con lo que propician que uno tras otro vayan muriendo los peticionarios con derecho a ser atendidos y protegidos por dicha ley.

Esa actitud miserable de los capitostes derechones es peor que secuestrar a uno por la madrugada y dejarlo en una cuneta con un tiro en la sien. En tal caso, al menos, la muerte sería rápida y todo cuestión de un rato amargo. Lo otro, lo que “”La Cuadrilla” hace con los dependientes es peor que la “gota malaya”; hora tras hora, día tras día; semana tras semana; mes tras mes, año tras año… sabiéndose con todos los derechos y viéndose humillado por la misma Administración que debería ser la garante de su bienestar y de su vida dignamente sobrellevada.

Si existiese un dios y un infierno, estos hijos de Satanás tendrían el lugar reservado en las calderas de Pedro Botero. Pero, como eso no es así, hay que tratar de administrarles el “infierno” del desprecio más profundo en esta vida terrenal. No hay otra. O pagan aquí el mal que están haciendo o se irán de rositas

Ximo González Sospedra

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Un político no puede ser un idiota

Filed under: General — teuladi @ 16:56
Miércoles 18 de noviembre de 2009

Un político no

puede ser un

idiota

18-11-2009 12:20 –César Giménez

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Y voy a hablar de etimología, que nadie se vaya a ofender, ya lo aviso desde el principio. Luego no quiero agresiones ni nada por el estilo. Además, llevo un buen cargamento de tiritas y vendas.

Por tanto hay que remontarse más allá de la Real Academia Española. Es menester acudir a los polvorientos volúmenes que albergan la literatura y la morfología griegas. En ellos encontramos que el ‘político’ es aquella persona que se ocupa de los asuntos que conciernen a la ‘polis’, a la ciudad. Por tanto, atiende lo referente a lo público, al entorno más amplio que se gobernaba en la Grecia clásica. No tiene nada que ver con esto, pero hay que notar también la etimología de la palabra poli-cía, también procedente del griego para ciudad.

Por el contrario, la palabra griega de la que procede nuestro ‘idiota’ quiere decir la persona que sólo se ocupa de sus asuntos particulares, de lo privado. Por esta regla de dos, etimológicamente resulta imposible que una persona que se dedica a los asuntos públicos (el político) sea alguien que se consagra exclusivamente a sus temas, viviendo totalmente de espaldas a la sociedad, yendo siempre a lo suyo, sin importarle un pimiento lo relativo a sus congéneres (el idiota). Por ello también no hay que hacer mucho caso del ‘pasota’ de la política, al menos si no habita en una isla desierta.

Del adjetivo latino “imbecillis, imbecille” procede nuestro insulto. Pero volviendo a la etimología, ese término deriva del prefijo ‘in-‘ y la raíz + reduplicación + sufijo ‘-bacul-l-us’ que literalmente significa “sin bastón”, “sin apoyo”. Nótese aquí que ‘bacullus’ sirve también para formar la palabra “bacilo”, es decir, una temida bacteria, no el igualmente temido Doctor Bacterio, pero esa sería otra historia digna de dormir al más impenitente insomne.

Etimológicamente, por tanto, yo no me voy a sentir insultado si alguien me llama “imbécil” porque las personas con diversidad funcional somos personas sin apoyo, no encontramos un bastón sólido en el que apoyarnos ya sea jurídico, ejecutivo o legislativo.

En cuanto a las palabras de procedencia griega, constato cada día que existen supuestos políticos que viven totalmente de espaldas a la sociedad, que van sólo a lo suyo, ¡qué más quisiera que poblaran un monte a la manera de antiguos eremitas!, que no mueven ni un meñique cuando se refiere a temas que tienen que ver con las personas con diversidad funcional mirando muchas veces hacia otro lado.

En consecuencia, en lo que se refiere a las palabras de origen griego, en estos casos hay que dejarse de etimología y gaitas similares, y afirmar triste pero rotundamente que el político sí puede ser un perfecto idiota.