Diversidad funcional o la autogestión individual de nuestras vidas.

9 octubre 2010

Asistente personal.

Filed under: General — Mª Ángeles Sierra Hoyos @ 7:13

 

 

Raül Córdoba: "Para poder cuidar primero tienes que saber cuidarte a ti mismo"

 

Trabajador social que acaba de publicar ‘La brújula del cuidador’

Jesús Sancho | Barcelona | 08/10/2010 | Actualizada a las 01:30h | Ciudadanos

Tarde o temprano llegará el momento que una persona deba cuidar a otra pero también es posible que esté desorientada o no sepa cómo hacerlo. Con una visión optimista, Raül Córdoba (Barcelona, 1980), diplomado en Educación y Trabajo Social, ha escrito La brújula del cuidador (Plataforma Editorial), una obra práctica que pretende ayudar a los familiares y los cuidadores. Córdoba recuerda que el cuidado es una responsabilidad de todos y también destaca que el cuidador debe ser consciente sus límites.

Raül Córdoba, autor de 'La brújula del cuidador'

Raül Córdoba, autor de ‘La brújula del cuidador’  /   Jesús Sancho

– Su libro se titula La brújula del cuidador, ¿suele estar desorientado?
– Sobre todo está perdido con toda aquella información relacionada con las instituciones y los servicios a los que puede acudir.
-¿Es difícil para el cuidador encontrar su rumbo?
– Cada persona tiene su rumbo y un cuidador para poder cuidar a otra persona primero tiene que aprender a cuidarse y conocerse a sí mismo, sabiendo cuáles son sus límites y capacidades.
– Usted también reivindica el trabajo del cuidador…
– El cuidar es algo positivo y no es un trabajo de segundas. Un cuidador tiene que tener la cabeza bien alta y no debe avergonzarse de serlo.

– En el libro recoge los testimonios de diferentes cuidadores, ¿qué consejos daría a las personas que están al cargo de una persona enferma?

– Ayudarse a sí mismo y dejarse ayudar. El cuidador no es un superhéroe y muchas veces los cuidadores intentan ponerse esa capa de Superman y creen que pueden con todo. El cuidador no tiene que hipotecar su vida.

– Normalmente hay más mujeres cuidando que hombres, ¿a qué se debe?

– El cuidado es una responsabilidad de toda la familia, del hombre, de la mujer y también de los hijos. Por datos estadísticos sí que hay más mujeres, quizás porque la esperanza de vida es más larga que de la de los hombres y también culturalmente se han dado unas determinadas circunstancias. Pero en generaciones futuras y en la medida que la tecnología y la medicina avancen esto se irá equiparando.
-¿De qué manera los niños pueden implicarse en los cuidados?
– El niño también tiene que cuidar a su manera y es importante cómo los padres enfocan a los niños la enfermedad de un familiar. Al niño hay que explicarle bien las cosas y nunca hay que tratar a la persona enferma desde la compasión y la pena sino todo lo contrario.
-Si no hay que tratar al enfermo desde la compasión, ¿cómo hay qué hacerlo?
-Mientras que la enfermedad se lo permita la familia tiene que dejar que esa persona se pueda expresar y desarrollarse con su propia autonomía. No hay que absorber la mente del enfermo y tomar todas las decisiones por él.
-¿Cómo condiciona una determinada enfermedad la labor del cuidador?
-Los cuidados son un trabajo en equipo pero detrás del cuidador tiene que haber un asesoramiento médico. El cuidador no es un médico ni un psicólogo.
– ¿Hay suficientes cuidadores hoy en día?
– Nunca faltan cuidadores sino herramientas. Todos somos cuidadores y estamos capacitados para poder cuidar y por ello también es importante que el cuidador se forme.

– ¿De qué manera ha ayudado la ley de la Dependencia?

– Ha marcado un antes y un después. La ley de la Dependencia es muy importante porque por primera vez se reconocieron los derechos del cuidador.
-A pesar de las quejas y los retrasos de las ayudas…
– Es todo un proceso que requiere un tiempo desde que se hace la primera valoración hasta que se tramita la ayuda. Al principio con tantas solicitudes la administración no daba abasto y se ralentizó todo mucho. Claro que se puede mejorar pero la ley de la Dependencia ya está funcionando que es lo más importante.
-¿Cómo debe actuar el cuidador ante una persona enferma que le queda poco tiempo de vida?
– Es una de las preguntas que más me hacía las familias y les contestaba que eso depende del enfermo. Quien conoce mejor al enfermo y si está preparado para recibir la noticia de que le queda poco tiempo de vida debe decidirlo la familia.

– Lo que sí comenta en el libro es la necesidad del testamento vital…

– El testamento vital es muy importante porque esa persona no sólo va a elegir cómo quiere vivir el tiempo que le queda sino también una vez llegado el fallecimiento cuál será el destino de su cuerpo o sus órganos. El testamento también es importante para que la persona pueda recibir las atenciones médicas que desee en caso de padecer una enfermedad irreversible y que le impida expresarse por sí mismo. El testamento vital refleja el interés de la persona por una muerte digna.

– ¿Es una buena opción ingresar a la persona enferma en una residencia?

-No dejas de cuidar a esa persona sino que cambias la forma de cuidarla. La familia lo tiene que tener muy presente. Ingresar a una persona en el centro no significa que la familia se desentienda, ni mucho menos. La familia puede participar activamente en el centro de muchas maneras.
– Otra de sus pasiones es viajar y coordina su trabajo con múltiples viajes por los cinco continentes, especialmente en Sudamérica. ¿Ha encontrado muchas diferencias entre los cuidados de los países que ha visitado?
– Lo que sí te das cuenta es que en los países subdesarrollados el vínculo emocional y humano es mucho más caliente y afectivo que en Europa. A pesar de estar desarrollada tecnológicamente Europa es un continente muy frío y muchas veces nos cruzamos con el vecino en la calle y apenas nos saludamos.
-Pero no todo es negativo en Europa…
– En Europa hay que trabajar mucho más las emociones pero hablar de la Ley de Dependencia y de servicios sociales en muchos países de Latinoamérica prácticamente es una utopía. En Europa estamos muy desarrollados pero muchas veces si no salimos fuera no nos damos cuenta de lo afortunados que somos.

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