Diversidad funcional o la autogestión individual de nuestras vidas.

10 mayo 2009

Y el Consell de la Generalitat Valenciana no quiere enterarse de nuestras demandas.

PROVINCIA ALICANTE

Cifran en 600 los fallecidos en la comarca de L’ Alacantí

Más de 300 personas rinden homenaje a los dependientes que murieron sin recibir la ayuda
Una mujer deposita un clavel blanco por los dependientes fallecidos, ayer. /

DANI MADRIGAL

Más de 300 personas quisieron ayer rendir homenaje a los dependientes que fallecieron sin recibir la prestación que estima oportuna la legislación, impulsada por el Gobierno central, en 2006. La Plataforma en Defensa de la Ley de Dependencia estima que «en la comarca de L’Alacantí murieron 600 personas», explica Miquel Martorell, coordinador de ésta. En la provincia de Alicante hay 28.000 grandes dependientes y 30.000 severos. Sin embargo, «sólo el 0,6% del total de la Comunidad Valenciana recibe la ayuda. Además, hay un tercio de esta población que todavía no ha hecho la solicitud, pues en muchas ocasiones no saben dónde tienen que acudir o que deben hacer», puntualiza Martorell, que quiere denunciar «el abandono y la dejadez de la Generalitat con las personas que se encuentran en situaciones extremas».

Uno de los primeros que solicitó la prestación fue Manolo Morales. Su padre, gran dependiente, murió en 2008 sin una resolución. Critica la política del Consell y el arremete contra los que les «tratan como números y cifras». «Para la Volvo Ocean Race y para la Fórmula 1 si que hay dinero, pero para los dependientes, no. Esto es lamentable, ya que somos muchas las familias que estamos pasando un calvario por cuidar a nuestros familiares dependientes», explica indignado Morales.

«El conseller no se da por aludido y las concentraciones no llaman su atención. Estas manifestaciones tienen que servir para que los ciudadanos sean conscientes de la realidad social en la que viven, para que abran los ojos y vean el Gobierno valenciano que tenemos», apunta el dependiente Emilio Guillén.

En la sede del Consell en Alicante, a los que van en silla de ruedas los dejan en primera fila. Tras ellos, decenas de pancartas con lemas reivindicativos y una música de fondo que pasa a segundo plano en el momento de los discursos. Todos hacen mención a los cuidadores. «El 85% de los que están pendientes de los afectados son mujeres, están trabajando una media de 10 horas y tienen entre 50 y 55 años», apuntan. Después, la lectura de un poema escrito por Candela Jiménez. Como colofón final, entre lágrimas y aplausos, un clavel blanco por cada uno de los fallecidos inscritos durante la concentración.

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8 mayo 2009

Movilización social ante las puertas de la Delegación del Gobierno Valenciano, en Alicante, pidiendo la dimisión del Conseller de Benestar Social, Juan Cotino.


MOVILIZACIONES

Los dependientes exigen que los familiares de fallecidos perciban las ayudas previstas en la ley

En el acto celebrado ayer en Alicante se leyeron poemas y numerosas pancartas reivindicaban la aplicación de la ley
ANTONIO AMORÓS

Trescientas personas piden en Alicante que se reconozcan las prestaciones, cuya demora es de 582 días.

J. HERNÁNDEZ

La Plataforma en defensa de la Ley de Dependencia de Alicante, afectados y sindicatos reclamaron ayer al Consell una compensación económica a los familiares de dependientes que han fallecido (unos 6.400 en la Comunidad) esperando las ayudas de la ley.

Durante el acto en recuerdo de los dependientes que tuvo lugar ayer ante la sede del Consell en Alicante, en el paseo de Gadea y al que asistieron unas 300 personas, se realizó una mención especial a los cuidadores de dependientes, “personas sin preparación especial sometidas a situaciones extremas, en un 85% mujeres de 50 a 60 años, que dedican diez horas diarias a esta labor”, que les obliga a dejar su empleo y deteriora su salud ya que suelen presentar después cuadros de estrés y depresión. “Exigimos que lo que no se ha reconocido a los fallecidos y corresponde por ley sea para sus cuidadores”, reivindicó Vicente Chavarri, de UGT, con el apoyo de los asistentes.

Miquel Martorell, portavoz de la Plataforma, insistió en que el Gobierno Valenciano incumple los plazos para que los dependientes perciban una ayuda, que la ley marca en seis meses. Según sus datos, la demora media es de 582 días. “Hay personas que llevan cuidando años a un dependiente, solicitan las ayudas para poder respirar un poco pero tardan dos más en concederlas y las comunican después de que el afectado haya muerto. La sensación es que se están burlando”. Durante el acto se leyeron poemas y nombres de dependientes que ya no están.

En Elche el Centro de Congresos se llenó de familiares, afectados y ciudadanos en un acto que fue un homenaje a las más de 450 personas de Elche que han fallecido. Y en Ibi unas 150 personas recordaron a aquellos dependientes muertos sin cobrar las ayudas.

7 mayo 2009

Derechos para las personas con discapacidad

Magdy Martínez Solimán, coordinador resi – 06/05/2009

Ayer celebramos un año, tras haberse recibido la vigésima ratificación de la Convención y la décima del Protocolo Facultativo, de la entrada en vigor del mejor instrumento normativo de que se haya dotado la comunidad internacional para adelantar la frontera de derechos y la esperanza de una vida con dignidad de las personas con discapacidad. En ese año hemos podido sumar 139 estados firmantes de la Convención, 82 signatarios del protocolo, 53 ratificaciones de aquélla, y 32 de éste, siendo Sudán el más reciente. Mucho debemos a la ciencia y a la sociedad civil.

Ahora sabemos que en la vulnerabilidad de nuestros conciudadanos que viven con discapacidad hay no sólo una condición diagnosticable sino sobre todo una negativa social a que aumenten sus capacidades, al vedárseles la educación, el trabajo, el ocio, el acceso a casi todo, la salud, los demás servicios públicos y una vida familiar digna de ese nombre.

También hemos aprendido cuánto tienen que ver las discapacidades con el desarrollo. Cuántas de ellas tienen su origen o su agravante en situaciones de escasez y necesidad, trabajos penosos, accidentes laborales en condiciones insalubres o peligrosas, o debidos a malas infraestructuras, violencia y conflictos, guerras y tortura. Hay en el mundo en torno a 650 millones de seres humanos que viven con discapacidad, un 10% de la población mundial, y en torno al mismo porcentaje cifra en México. Son la mayor minoría discriminada del planeta. Estas personas suelen proceder de un entorno pobre, a veces causante de la discapacidad, y su discapacidad les empobrece, en una espiral sin salida.

Como siempre, las personas con discapacidad y sin medios lo tienen casi imposible para superar las barreras y necesitan un apoyo más intenso. De nuestra acción depende su porvenir. Eso han venido a decir los 139 firmantes de la Convención: si antes se afirmaba que el grado de civilización de una sociedad se podía medir, a simple vista, por el trato que dispensaba a sus mayores, añadamos ahora a las personas que viven con discapacidad. Y desconfíe quien esto lea de los lugares en que 10% de la población se torna invisible: es porque está escondida, oculta a las miradas, atemorizada y segregada en guetos y reclusorios cuyas paredes son, a veces, los muros de la vergüenza ajena de sus familias.

Frente a ese pasado, tenemos por delante un futuro de derechos. Estamos construyendo un mundo con menos pobreza, en el que nacerán menos personas con discapacidad por falta de atención médica a sus madres, en el que se evitarán accidentes y violencia, en el que se atenderán situaciones de riesgo y atraso para evitar que se agraven y deriven en discapacidad. Estamos reduciendo la vulnerabilidad. También está promoviéndose el desarrollo humano de las personas que viven con alguna discapacidad, con avances médicos y tecnológicos pero sobre todo con solidaridad social, desterrando la discriminación. Nada duele más a un/a joven que vérsele negado el acceso a un lugar de ocio por causa de una discapacidad, no poder presentarse a una oferta de trabajo a causa de las barreras de la indiferencia, tener prohibidas relaciones normales para la gente de su edad porque los tabúes lo impiden. Nada integra más que la diversión, la cultura, un empleo o un noviazgo. Ellos y ellas también tienen derecho a eso.

No se trata sólo de construir miles de rampas en nuestras aceras. Las mayores empresas comerciales de los países ricos ya han descubierto -y bienvenidas sean- que los carritos eléctricos en los supermercados aumentan las ventas ya que sus productos devienen accesibles a un sector de consumidores antes excluidos. La accesibilidad del entorno físico es un primer paso. Es preciso efectuar un gran número de lo que la Convención llama “ajustes razonables”, es decir, modificaciones y adaptaciones necesarias y adecuadas que no impongan cargas desproporcionadas, para garantizar a las personas con discapacidad el disfrute de sus derechos humanos y libertades. Es aún más importante pensar los productos, entornos y servicios con diseños universales, de manera que puedan ser utilizados por todas las personas sin necesidad de ajustes.

Los estados, los particulares, las empresas, los centros de enseñanza, los municipios, la sociedad civil, todos y todas tenemos algo que aportar para hacer avanzar esta frontera de civilización. Lo primero es actuar, ya que no hacerlo equivale a discriminar. Lo segundo es, obviamente, no discriminar por acción. Estas letras forman parte de un esfuerzo de abogacía para que tomemos conciencia, que comparte Naciones Unidas, quien esto escribe y el diario que lo publica. No debería ser preciso recordarlo, pero hay situaciones de crueldad extrema que nos obligan a decir que las personas con discapacidad tienen derecho a la vida y a la libertad. Hemos de pensar en las situaciones específicas que viven las mujeres con discapacidad, y los niños y niñas con discapacidad, todas las personas con discapacidad cuando se dan situaciones de riesgo y de emergencia. La accesibilidad ha de superar el entorno y adentrarse al mercado de trabajo. Es importante vigilar que en ese y otros contextos no se produzca ni abuso, ni explotación, ni violencia.

El acceso a la justicia es fundamental para personas en riesgo permanente de que se les cercenen sus derechos. Deben tener derecho a moverse libremente dentro y fuera de su país y a vivir de forma independiente. Para estas personas son fundamentales los derechos a la salud y a la educación, pero también el de participación política, en la vida cultural y en el deporte. Para que se desarrollen con éxito políticas públicas integrales, son finalmente necesarios un nivel adecuado de recursos y una información precisa de la realidad y evolución de las distintas situaciones de discapacidad, datos y estadísticas, análisis e investigación.

Dentro de un año México y las demás naciones firmantes deberán presentar al secretario general de Naciones Unidas su primer informe exhaustivo sobre las medidas que hayan adoptado para cumplir sus obligaciones conforme a la Convención y sobre los progresos realizados. México fue uno de los países líderes en el Comité Especial que preparó el tratado, un liderazgo personificado en don Gilberto Rincón Gallardo, que simboliza en una simbiosis perfecta al Estado mexicano y a su sociedad civil. El mejor tributo que pudiéramos rendir a su incansable y exitosa labor de defensa de los derechos humanos sería ayudar a producir avances claros en la condición social de las personas que en México viven con discapacidad. El Congreso de la Unión, en una encomiable revisión legislativa, está reformando la Ley General de las Personas con Discapacidad, para recibir de forma plena las normas más progresivas de la Convención en el corpus legal de la República. El Senado podría asimismo reflexionar sobre la efectividad de reservas que pueden confundir, más que ayudar a promover derechos en base al principio “pro persona”, es decir la aplicabilidad de la norma más beneficiosa de cuantas puedan invocarse. Y los tribunales del país podrían aportar un activismo tutelar de los derechos de quienes menos los pueden defender, haciéndose valedores de la Convención como los demás poderes del Estado.

Hemos avanzado en la definición de derechos a nivel internacional, pero no es a ese nivel al que se disfrutan y ejercen las libertades, sino en nuestras ciudades y pueblos, en el trabajo y en la escuela, en los lugares de diversión y encuentro, ante las cortes de justicia y en los servicios públicos, en los medios de comunicación, en los hospitales. En las mil y una actividades que tejen el presenten, que crean posibilidad de futuro. Como dice la Convención, es preciso promover el respeto de la dignidad inherente de las personas con discapacidad; esa es la mejor medida de nuestra propia dignidad. Garanticemos los derechos de nuestras y nuestros conciudadanos, sin reserva alguna.

(Artículo publicado en El Universal)